Hay heridas que permanecen abiertas.
Supuran.
Tienen vida propia.
Están en cada suspirar.
En cada anhelo.
En los sueños.
Y en las pesadillas también.
Cómo si a base del llanto pudieras acortar distancias.
Cómo si los gritos pudieran ser escuchados.
Cómo si al golpear la pared pudieras regresarlo.
El vacío permanece.

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